22.07.03

Visita a la Casa del Hombre

Publicado en General a las 19:03 por visperas

El domingo por la tarde estábamos Benji y yo aburridillos en casa y se nos ocurrió ir a visitar la Domus o Casa del Hombre, un museo interactivo acerca del cuerpo humano en el que siempre que hemos ido, nos lo hemos pasado pipa jugando. Esta vez no fue diferente. Bueno, sí. Esta vez tenemos fotos para demostrarlo ;o)

Genética

La primera parada fue una exposición sobre genética. Estaba bastante interesante, y aprendimos cosas tan reconfortantes como que la mosca de la fruta tiene más información genética que nosotros. Había una representación enorme de la cadena de ADN humano, lo suficientemente alta como para que no se la cargase algún niño. También había un panel larguiiiiiisimo, tanto que tuvimos que sacarle dos fotos para abarcarlo, esta y esta, que representaba la cadena de ADN de la famosa mosca de la fruta. Lo que se ve en la lupa es una porción de esta cadena aumentada. Decían que si quisiéramos escribirla entera con los caracteres a este tamaño, habría que cubrir toda la fachada del edificio. También pudimos probarnos a nosotros mismos viendo hasta dónde éramos capaces de saltar, cuál era nuestra flexibilidad, o cuánto tiempo éramos capaces de aguantar colgados de una barra, cual monos.

El cuerpo humano

La segunda parte de la visita fue al grueso del museo, la exposición sobre el cuerpo humano. Empezamos desde el comienzo de la vida, viendo imágenes de la evolución de un feto, o palpando la tripita de una escultura embarazada para notar al bebé (en serio). Después estuvimos midiendo algunas cosas, como nuestra altura, la longitud de nuestro brazo, de nuestro paso, y la distribución en agua y otros componentes de nuestro peso. También experimentamos con la dilatación de las pupilas o los reflejos auditivos que tenemos cada uno, así como la potencia de nuestra patada ejercida sobre un balón de fútbol.

Pasamos a través de un corazón humano y escuchamos sus latidos. Después intentamos reproducir la fuerza que este órgano ejerce para impulsar sangre a todo el cuerpo, apretando un tensor al ritmo que nos marcaba una luz representando las pulsaciones. Ahí fue donde pudimos comprobar que una servidora es una flojucha y en reflejos necesita mejorar, pues al utilizar Benji el cacharro vimos que sonaba cuando se hacía correctamente, y yo después de cinco intentos lo dejé por imposible. Después escuchamos los latidos de nuestro corazón antes y después de subir cinco o seis veces un escalón, para comprobar que Benji, al contrario de lo que dicen los libros, tiene el pulso más lento después de hacer el ejercicio que antes (Y el cacharro no parecía estar estropeado, a mi me funcionó bien) ;o)

Por último visitamos la zona de los estímulos visuales y el lenguaje, donde pudimos jugar a gusto con una de las cosas que más nos gustan. La historia consiste en que uno hace una figura con piezas de colores de estas que teníamos en el parvulario, y sólo hablando debe hacer que el otro reproduzca dicha figura. Nosotros nos cronometramos: 2&#3920&#39&#39 tardó Benji en describirmela a mi, y 2&#3921&#39&#39 tardé yo en que la hiciera él.

Animales peligrosos

Y para terminar la visita, nos pasamos por una exposición temporal en la que tenían dos tipos de bichos: los asquerosos y los repugnantes. Ranas, serpientes, arañas y escorpiones, para ser exactos. También unos carteles en los que hablaban de ellos, y otros muy curiosos en los que describían con bastante lujo de detalles la cantidad de putadas que te puede hacer un bicho de estos si te pica. Lo más curioso: los bichos a gran escala, como la serpiente medio pelada, el sapo sonriente y el pez de los pinchitos, y otros dos que nos resultaban demasiado asquerosos para hacerles una foto.

Una pega

Pues igual soy una chinche, pero encontré una pequeña pega que me parece que vale la pena comentar. A lo largo de todo el museo, los carteles se encuentran escritos tanto en castellano como en gallego, como debe ser, aunque tal vez si quisieran un público más extenso debieran ponerlos también en inglés, pero esa es otra historia. Sin embargo, en la exposición de Genética, que es nueva, ya que el año pasado cuando fuimos no estaba, los carteles estaban en castellano y en gallego, sí, pero de otra manera. En lugar de escribir lo mismo en ambos idiomas, como ocurre en el resto del museo, lo que han hecho ha sido escribir casi todo en castellano, y después, una parte pequeñita, que no cuenta lo mismo, y que en muchos casos explica el objeto en concreto que estás observando, está escrita en gallego. El simple hecho de escribir cosas distintas ya supone una cierta discriminación, pues si bien la idea del texto puede ser más o menos comprendida por alguien que no habla gallego, parece que en cierto modo tratas de ocultar algo. Pero lo peor no es eso, lo peor es que la parte escrita en gallego está titulada Entre nós. Es decir, Entre nosotros. Sin comentarios. La evidencia gráfica, aquí. Y ojo, que si lo digo es precisamente porque en Galicia nunca me he sentido desplazada po culpa del idioma, y la cosa me resultó bastante chocante.

Lo mejor

Y para que no se piensen que soy una quejica que sólo sé sacar pegas, diré que estuvimos unas dos horas zascandileando por allí, y que vale la pena visitarlo, porque el hecho de que todo se pueda tocar hace que además de aprender algunas cosas que no nos dijeron (o no nos acordamos) del cole, podemos jugar con ellas. Además, el precio resultó muy razonable: cogiendo un bono para esta Casa, la Casa de las Ciencias y el Acuario, son 7 euros. Y a mi, que tengo Carnet Joven, me sale cada entrada a 1 euro. Es una buena manera, entretenida y barata, de pasar la tarde del Domingo :o)

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