24.04.03

Anecdotario de la Semana Santa (V). Viernes Santo.

Publicado en General a las 0:27 por visperas

El viernes por la mañana tampoco hicimos gran cosa, aparte de dormir hasta tarde y programar, como los otros días. Ese día no tuvimos que cocinar porque habíamos quedado con mis abuelos y una prima mía para ir a comer al restaurante de la otra vez. Como éramos 5, les pareció, acertadamente, que en una mesa de 4 estaríamos apretados, así que nos hicieron esperar hasta que tuvieron libre una de 6. Esto fue una media hora. Cuando por fin nos sentaron en la de 6, tardaron un rato en quitar los restos de los que habían comido allí antes. Cuando por fin lo hicieron y cambiaron los manteles, la camarera que parecía más normal trajo los cubiertos y los dejó encima de la mesa todos amontonados para que los repartiésemos nosotros. Si es que donde hay confianza da asco. Entonces vimos que sobraban 2 cubiertos. Se lo dijimos a la tía y nos dijo que mi abuelo le había dicho que éramos 7. Independientemente de lo que le hubiese dicho mi abuelo, que lógicamente a veces se le va la cabeza, si nos hacen esperar media hora para quitarnos de una mesa de 4 porque no cabemos y nos dan una de 6 pensando que somos 7…¡pues como que tampoco cabemos!

El caso es que nos pusieron los platos y todo lo demás, y el camarero psicópata le dijo a la camarera palurda que nos tomase nota. La mujer dijo que sí, y pasó a nuestro lado 2 veces sin tomarnos nota. La tercera vez que pasó, dejó el block y la chuleta con el menú encima de nuestra mesa. Se volvió a ir. Entonces el psicópata le dijo que antes de hacer nada nos tomase nota a nosotros. Bueno pues aún pasó otras 2 veces a nuestro lado y el block de notas allí muerto de risa. En eso nos dio tiempo a Benji y a mi a aprendernos de memoria el menú que tenía en la chuleta. No era difícil: 3 entrantes, 3 primeros, 3 segundos. Cuando por fin se dignó tomarnos nota, nos leyó los entrantes: “Ensalada murciana, langostinos, sopa del día“. Entonces, en orden estrictamente horario le pedimos: “Ensalada, langostinos, ensalada, langostinos“. Aquí hay que decir que mi abuelo y mi abuela sólo piden un menú para los dos, porque son 3 platos y ellos comen muy poco, y como hay confianza, pues a los del restaurante no les importa. La señora nos dijo: “Entonces son 3 ensaladas y 1 de langostinos“. Y yo: “No, no, a ver, son 2 ensaladas y 2 de langostinos“. Esta operación se repitió a lo largo de los 3 platos que tenía el menú. Menos mal que sólo éramos 5…

En fin, se ve que ese día tenían mucha gente, y los pobres camareros iban como motos, aunque a mí me dio la impresión de que cada 5 paseos que se daban sólo aprovechaban uno. Tope eficiencia. Menos mal que el restaurante es relativamente pequeño. Nuestra mesa estaba justo al lado de la cocina, así que veíamos todos los paseos que se pegaban los tíos, y además a mí me daban frío cada vez que me pasaban por detrás. El caso es que en una de esas empezamos a oír follón en la cocina, que tenía puertas corredizas y se las habían dejado abiertas. Vemos salir al psicópata diciéndole nosequé a la que parecía más normal y ésta le salta, justo detrás de nosotros: “¡Que les den a todos por culo!“. Acto seguido entra en la cocina, y al volver a salir pega un portazo que casi se nos corta la digestión. Menos mal que parecía la más normal…

Acabamos de comer en mitad del espectáculo, mis abuelos se fueron a casa, que mi abuela decía que tenía que echarse, como siempre que bebe sangría. Mi prima se fue con sus amigos y nosotros decidimos que había que aprovechar la tarde, así que tiramos al minigolf, otra vez a bajar la comida. Esta vez no hubo ninguna anécdota recalcable, salvo que nos hicimos los suecos y nos saltamos el último hoyo para volver a jugar de gorra. Vaya en nuestro descargo que es lo que hace todo el mundo.

Tras esto fuimos hasta el Rincón y volvimos hacia casa. Entonces se me ocurrió que, ya que era el último día, iba “a hacerla”. Es decir, que me iba a comer un helado enorme y después no cenar. Sin embargo no era justo que porque yo estuviese a dieta Benji se quedase sin cenar, así que antes fuimos a que comiera algo él. Para qué vamos a engañarnos, el helado me supo a gloria. Especialmente la bola de chocolate. Pero eso sí, después de hacerla había que disimular un poco, así que decidimos darnos otro paseíto.

En Benidorm hay un sitio conocido como El castillo, que está arriba del todo del peñón que separa las dos playas y en el que se encuentra el casco antiguo, y donde, por cierto, no hay ningún castillo. Lo que hay es un mirador, y es bastante bonita la vista, porque se ve todo Benidorm e incluso, cuando la atmósfera está limpia, se puede ver Alicante. No habíamos subido en toda la semana, así que se nos ocurrió subir ese día. Y en vaya hora se nos ocurrió. Cuando estábamos a punto de llegar a la peatonal, ya algo cansados del paseo hasta el Rincón y las dos partidas de minigolf, nos encontramos de golpe con la procesión. Esta era una procesión de verdad, con sus nazarenos y sus bandas y todo. Lo que pasa es que en Benidorm no deben de tener muchos pasos, y entonces decidieron que para que fuese un poquito larga iban a sacarlos todos juntos. Así que pudimos ver primero Getsemaní, luego a Jesús Nazareno, después a la Dolorosa, Cristo crucificado y por último el Santo Entierro. Más tarde comprobamos en un cartel que se referían a dicha procesión como procesión general. Lo que nosotros decíamos. Lo cierto es que entre unas cosas y otras nos quedamos a verla, porque a los dos nos gustan las procesiones aunque sean modestitas como esta. Además las bandas sonaban muy bien. Bueno, menos una, pero le ponian ilusión. Cuando acabaron de pasar continuamos nuestro camino para subir al castillo. La calle por la que subimos es un rato empinada, y después de haber llegado arriba del todo nos volvimos a encontrar con la procesión, que estaban metiendo los pasos en la iglesia de San Jaime. Allí pudimos comprobar que estos no se andan con tonterías de bajar el paso, apuntar e ir muy despacito para que entre por la puerta. ¿Para qué, si siempre puede subirse un tío a desmontarle la cruz a Jesús Nazareno?. El caso es que no había otra manera de pasar al mirador y aún quedaba mucha procesión, así que pensamos que ya subiríamos en verano.

Como al final se nos había fastidiado la idea de bajar el helado subiendo al castillo, pues nos armamos de valor y tiramos de nuevo hacia el Rincón. Cuando llegamos allí nos paramos un poco a ver cómo los cantantes del último bar de la playa sacaban a una señora mayor a bailar el “Que la detengan, que es una mentirosa…“, y volvimos a casa. Los últimos metros fueron espantosos para las piernas. Calculando, entre los paseos, el minigolf y la procesión, estuvimos de pie o caminando desde las cinco de la tarde hasta las doce y pico de la noche. Sólo nos sentamos la media hora de la cena de Benji y el Sirvent (la heladería). Cuando llegamos a casa caímos rendidos en la cama, pero antes de dormir otra vez portátil en ristre y a ver a Les Luthiers un rato largo. Nos hubiésemos quedado más, pero al final el sueño nos pudo.

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