22.04.03
Anecdotario de la Semana Santa (IV). Jueves Santo
La dulzaina o cómo matar de un infarto a alguien que está de vacaciones.
Esa mañana me pareció oir el sonido de un tambor, pero creí que estaba soñando y ni siquiera me moví. Poco a poco el sonido se iba acercando y finalmente entorné un poco un ojo para ver que entraba algo de luz por la ventana. Entonces ocurrió. El intenso “Piiiiiiiiiiiiiipi-pi-pi-riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii-pi” de una dulzaina nos tiró a los dos de la cama con el corazón en la boca. Salimos a la terraza para ver cómo una pseudoprocesión de 30 o 40 jubilados todos abrigados, seguían al tipo de la dulzaina por la carretera. Ni siquiera cortaron el tráfico, simplemente un policía paró a los coches que venían de abajo mientras la “procesión” pasaba por debajo de nuestra casa, y cuando torcieron en la siguiente calle se reanudó la circulación. El caso es que era la primera procesión que veíamos y pensamos que era un poco birria, sin nazarenos ni nada. Menos mal que por lo menos tenían paso. Pero bueno, la voluntad es lo que cuenta y nos pareció bien que salieran. Lo que no nos pareció bien fue la hora a la que salieron, porque cuando volvimos a entrar en casa y vimos que eran las 8 de la mañana nos acordamos de toda la familia del de la dulzaina.
La película de sobremesa o cómo reventar la Biblia para hacer una miniserie
Como tampoco era plan de quedarse levantados, nos volvimos a la cama y a eso de las 12 nos levantamos y Benji siguió programando un rato más mientras yo planeaba cómo íbamos a apañárnoslas ese día con la comida. Mientras comíamos pusimos la tele y vimos que estaban poniendo las típicas pelis de Semana Santa, las bíblicas. Ah, pero las bíblicas de ahora no son como las de antes, y debe de ser más barato emitir una miniserie sobre la vida de Noé con Jon Voight en el papel que un clásico como “Rey de Reyes” o “Jesús de Nazaret”. El caso es que al final vimos la peli en cuestión, más que nada porque era partirse de la risa con la imaginación que tienen algunos guionistas. El primer puntazo es cuando Dios está hablando con Noé y éste le pide una señal para estar seguro de que está hablando con Dios. Entonces Dios provoca la erupción de un volcán y el pobre Noé tiene que ir saltando de roca en roca evitando la lava incandescente. Ni se quema los pies, ni suda, ni nada, pero está en un tris de caerse, y entonces Dios dice todo gracioso él: “¡Cuidado!, jajajaja” Vamos, que le hacía coña ver a Noé triscando por las rocas, se ve… La segunda fue cuando Dios le dice a Noé que va a destruir Sodoma y Gomorra y que si encuentra tantos hombres justos las salva y todo eso… No es que nos tengamos la Biblia empollada, pero los dos hemos recibido clases de religión en el colegio, y, hasta donde nosotros recordábamos, Noé no tenía nada nada que ver con Sodoma y Gomorra. Nos encontrábamos comentando que era Lot con quien Dios habla en esa historia, y en esas aparece el tal Lot, que es un amigo de Noé un poco cabroncete cuya mujer es bastante bruja, pero Noé considera que debe sacarlos de Sodoma. Por supuesto, la mujer de Lot se da la vuelta y se convierte en estatua de sal, como sí está contado en la Biblia. Lo que creo que no cuenta la Biblia es que Lot se acerca a ella y le arranca un dedo en el que lleva un anillo con un pedrusco enorme. A esas alturas de la película ya estábamos flipando, pero lo contaban con tanto entusiasmo que ya nos hacían dudar de nuestra memoria. Ya estábamos pensando en mirar en alguna enciclopedia a quién había contado Dios lo de Sodoma, cuando se produce la siguiente escena. Noé y su mujer, cansados de la huída de Sodoma, se sientan a hablar. Noé dice que algún escriba tendrá que dejar testimonio de que Sodoma ardió porque sus habitantes eran todos unos pecadores. Hasta ahí vale. Lo bueno viene cuando su mujer le contesta: “No te fíes de los escribas, ya sabes cómo son. Seguro que ninguno cuenta que nosotros estuvimos en Sodoma. ” Y en ese momento fue cuando nos dimos cuenta de un par de cosas:
1.- No estábamos equivocados, Noé nunca estuvo en Sodoma, fue Lot el que habló con Dios.
2.- Habían pagado un pastón a Jon Voight por hacer la película y contar sólo lo del arca les debió de parecer poca amortización.
3.- La película era MUY mala.
Ahí no acaba la cosa. Posteriormente, cuando están en el arca en medio del agua, se encuentran con un mercader en un barquichuelo, y con unos piratas que los atacan… Vamos a ver, ¿el Diluvio Universal no era para destruir a toda la humanidad por ser pecadores? Coña, ¿entonces por qué sobreviven los piratas?. ¡Y eso no es lo peor! Lo peor es que el jefe de los piratas es… ¡¡Lot!! El que Noé había sacado de Sodoma porque era bueno, según la peli. El que Dios había sacado de Sodoma porque era el único hombre justo, según la Biblia. Vamos, el acabose.
El niño del minigolf o cómo poner a prueba los nervios de una persona
Después de las risas que nos echamos con la película, y como hacía bastante bueno, decidimos ir al minigolf de nuevo. Cuando llegamos ya estaba cayendo el sol, y había bastante gente, así que tuvimos que hacer cola en el primer hoyo. Delante de nosotros iba una señora con sus dos hijos, y detrás otra señora con sus dos hijos también, aunque de estilos muy diferentes. El caso es que al llegar al tercer hoyo, vemos a un niño con gafitas y la boca constantemente abierta, que se pega a la familia que llevábamos delante. Cuando la señora estaba acabando de tirar, el niño ya estaba poniendo su pelotita en el suelo. Ya le vimos las intenciones, pero yo muy educadamente le pregunté si iba con ellos. Me dijo que no, que iba solo, y yo le contesté que entonces íbamos nosotros primero. El chavalín aceptó, pero cuando aún estábamos intentando meter nuestras pelotitas en el hoyo, vimos venir la pelotita del niño, que se ve que no había podido esperar más. Benji y yo nos miramos sin decirnos nada, y en cuanto acabamos pasamos al siguiente hoyo. Normalmente, cuando uno tiene los 8 o 9 años que tenía este crío, y una persona mayor que tú te pilla intentando colarte, pues te cortas un pelo. Pero este no, este era reincidente. En el siguiente hoyo intentó colarse a la señora de delante y ésta no le dejó. Cuando íbamos a jugar nosotros ya estaba poniendo su pelotita disimuladamente en el green. Entonces decidimos dejarle que se colara, porque tampoco era plan de andarle diciendo cosas en cada hoyo y además así nos dejaba jugar tranquilos.
A partir de ahí fuimos algo más tranquilos. Hubo un hoyo en el que nos entretuvimos un poco y entonces la familia y el niño nos sacaron ventaja, y el hoyo siguiente al nuestro quedó momentáneamente libre. Situación que aprovechó una panda de listos, que debían de ser demasiado pijos para hacer cola como el resto de los mortales y se dedicaban a ir a la busca y captura de hoyos libres, para no tener que estar 5 minutos esperando a que otros jugadores acabasen un hoyo. Además sabían mucho mucho, y se podían permitir darse lecciones los unos a los otros (eran 6 o 7) sobre cómo había que poner el palo, cómo apuntar, cómo flexionar las rodillas, cómo evitar el rozamiento del viento… Pero en fin, ya sabemos que listos, los hay en todas partes.
Después de este hoyo acabamos alcanzando al niño famoso de antes. Éste acabó el hoyo y nos dispusimos a jugar nosotros. Se trataba de un hoyo muy sencillito, sin curvas ni nada, pero que tenía un enorme faro en medio. Se suponía que la pelota tenía que atravesar el faro, pero, en previsión de posibles torpones (como nosotros), quedaba sitio a los lados del faro para que pudiese pasar por ahí la pelota. Nosotros la pasamos por ahí, y mientras Benji se agachaba a coger las pelotas, yo comentaba: “Apunto 2 golpes, aunque deberíamos penalizarnos por no haberla metido por el… por el molino“. ¿Quién no se ha quedado alguna vez sin palabras para referirse a algo y ha dicho lo primero que le ha salido? Bueno, pues eso me pasó a mí. Dije molino. Por suerte el susodicho niño se dio cuenta de mi error y como era muy listo se encargó de susurrarme: “Es un faro… es un faro… es un faro…” Coño, ¡parecía la voz de mi conciencia!. Menos mal que una es tranquilita y aunque se sulfura siempre se corta y nunca dice nada, pero el impulso era volverse y gritarle: “¡Y esto es un palo!“.
Tras esto y un par de hoyos más, llegamos al final. En el último hoyo, la pelota se mete ya a la caseta donde se paga, y se acaba la partida. Inmediatamente pudimos ver cómo nuestro amiguito se saltaba este hoyo y corría veloz a colarse a otra familia que estaba ya en el hoyo 3 o el 4. Yo sé que algunos padres están malacostumbrados a las actividades estraescolares y cuando están de vacaciones no aguantan al hijo en casa toda la tarde, pero coño, ¡que piensen un poco en los demás también!
La cena o cómo recorrerse la peatonal en 3 minutos con sandalias de tacón
Después del minigolf era un poco tarde ya, y teníamos previsto ir esa noche a cenar fuera para celebrar nuestro tercer aniversario. Como vimos que el restaurante estaba bastante lleno, decidimos pasar a pedir mesa. Mesa para las 22:45. Eran las 21:00. Bien, teníamos hora y tres cuartos para llegar a casa desde la mitad de la playa de Levante, ducharnos, arreglarnos y volver. La caminata a casa fue curiosita. Por si no nos daba tiempo fuimos muy rápido, y casi teníamos que saltar a la gente en la peatonal. Nos arreglamos más o menos con tiempo y salimos de casa. Parecía que íbamos bien, pero al llegar a la peatonal y ver la masa humana creímos que no seríamos capaces. Y lo fuimos, sí señor. A pesar de los tacones. Llegamos justo a tiempo y cenamos muy agusto. Cuando salimos decidimos ir a dar un paseo, pero claro, una no está acostumbrada a ir tan arreglada y sabía que no sería capaz de aguantar los tacones. Menos mal que soy previsora y había metido las deportivas en una bolsa. Así que, ni corta ni perezosa, en mitad de la calle, me quité los tacones y me puse las deportivas. Y así fui por el paseo, toda mona yo, con mi falda roja y mis deportivas rojas. ¡Si hacían juego y todo!. Lo bueno que tiene Benidorm es que incluso así una pasa desapercibida. Después de nuestro paseíto estábamos tan reventados que volvimos a casa y nos fuimos a la cama. Antes de dormir vimos acabar “Ben-Hur” (esa sí que es buena) y “Santa Teresa de Jesús”, donde, entre que no me había puesto las gafas y que sale sin maquillaje alguno, si no es por la voz no reconozco a Concha Velasco, de lo vieja que estaba. Otra noche más acostándonos a las tantas.




