22.04.03

Anecdotario de la Semana Santa (II). Lunes Santo.

Publicado en General a las 0:45 por visperas

Como, entre pitos y flautas, cuando nos fuimos a dormir eran las tantas, el lunes nos levantamos bastante tarde. De hecho, pasaron mis abuelos a llamarnos porque se bajaban a comer, que habíamos quedado en 10 minutos con unos parientes míos en un restaurante de abajo. Nos vestimos deprisa y corriendo y bajamos al restaurante.

El restaurante… Dios mío, el restaurante… Ya sin contar con el hecho de que mi abuela es capaz de volver loco al camarero más curtido, hay que ver la panda que han juntado para atender en ese restaurante… Hay algo que me fastidia en los camareros, dependientes y demás gente que trabaja de cara al público, y es el hecho de que algunos tienen una amabilidad mal entendida. Una cosa es tratarte bien, pero manteniendo las distancias, y otra que te hayan visto un par de veces y te traten como si fueses primo suyo. Y lo mismo que me revienta que en una tienda me llamen cielo, me fastidió que uno de los camareros se abrazase a mi abuela como si fuese abuela suya en vez de mía. Coño, ¡lo que hacen algunos por los 9 euros que vale un menú!. Benji llamaba a este señor el psicópata, porque también se le quedó mirando así muy fijamente y la verdad es que daba un poco de miedo… Después estaba la camarera palurda, que tenía una cara de palurda que no podía con ella. Un par de días más tarde comprobamos que no era sólo la cara, pero eso será otra historia. El caso es que después de todo la paella no estaba mal, y al final comimos bien.

Como una servidora está a dieta, pues su médico le había dejado comer paella, que es una de las cosas que más le gusta, pero con la condición de darse después una buena caminata. Así que ni cortos ni perezosos, una vez nos hubimos despedido de la familia, emprendimos rumbo al Rincón de Loix. Para quien no haya estado nunca en Benidorm, este lugar es el final de la playa de Levante. Mi apartamento debe de estar a unos 3 km de allí, así que ir y volver ya nos pareció suficiente para bajar la paellita. El paseo consta de 3 fases. La primera es bajar mi calle (un par de manzanas) y atravesar el Parque de Elche. Es un parque mono, aunque tiene una bajada a la playa y en verano se pone hecho un asco, porque hay gente muy guarra que en lugar de limpiarse los pies en la playa se los limpia en el parque y lo deja todo perdidito de arena y agua. Esta vez no estaba tan mal, porque no hacía mucho día de playa. Lo que sí pudimos comprobar es que dos carteles indicando “Por favor, no den de comer a las palomas” no es suficiente para que la gente se dé por enterada, así que va a haber que colgarle a las pobres palomas un cartelito en el cuello que ponga “Por favor, no me des porquerías que me pongo muy mala de la tripita“, a ver si la gente así se da cuenta de que si se prohíbe darlas de comer no es por fastidiar…

La segunda fase es la calle peatonal. Cuando uno se mete en esta calle tiene que ir muy mentalizado de que no va a poder dar cinco pasos sin tener que pararse al menos una vez, porque está siempre hasta arriba de gente, y, por supuesto, cada uno va a su bola. Y contento si no te desgracian un tobillo con un carrito de niño, si no te echan encima un zumo, helado o gofre, si no tiras a la vieja que se te para de golpe delante para torcer a derecha o izquierda, si no te sacan un ojo los que levantan impulsivamente el brazo para señalar algo a su acompañante, o si no te atropella la moto de un malote de los que bajan de las calles del casco antiguo (sí, sí, la calle es peatonal…)

Una vez que uno ha llegado sano y salvo al final de la peatonal, o lo que nosotros llamamos la palmera, lo más habitual es torcer a la derecha y bajar hasta la playa, la playa de Levante. Esta es la tercera fase. La playa de Levante es de lo más pintoresco. No por la playa en sí, sino por el paseo. Esta playa comienza en el ayuntamiento, y acaba en el rincón de Loix. Al principio, todo son bares discotequeros, pero según vas avanzando te vas encontrando los bares de los viejos, en un contraste impresionante. Mientras en los primeros hay señoritas bailando medio desnudas agarradas a una barra al ritmo del chunda chunda, en los segundos te encuentras a los jubilados bailando al ritmo de un travesti o de Maria Jesús y su acordeón… Y, es curioso, suele haber más gente mirando a los travestis que a las gogós.

El caso es que pimpampimpam, unos servidores llegaron hasta el rincón de Loix, y en lugar de volver por el paseo de la playa, volvimos por la calle paralela. Y mira tú por donde nos encontramos con el entretenimiento de la semana, lo que, a falta de buen tiempo para playa, nos ha divertido más: el minigolf. Entramos para probar y la verdad es que nos lo pasamos pipa, más que nada porque nos picábamos el uno al otro a ver quién ganaba, y porque había un montón de gente a la que obervar ;o)

Cuando acabamos la partida, volvimos hacia casa. Y, parece que no, pero estábamos un rato cansados, y a todo esto era ya algo tarde, así que cenamos y nos quedamos en casita hasta la mañana siguiente.

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